1. Las promesas de la
modernidad: libertad, igualdad y fraternidad; las promesas de la modernización
neoliberal: libertad de empresa y competencia libre; las promesas de nuestra
larga y fenecida transición democrática: democracia plena y desarrollo, son
algunas de las promesas en las que se desliza el devenir histórico que nos toca
vivir y presenciar. En todo ello, no sólo la izquierda con el socialismo y una
sociedad sin clases se ha permitido prometer un objetivo y una lucha como
horizonte de emancipación, sino también específicamente nuestro autonomismo se
ha envuelto con el manto de una promesa. Y, como todas las anteriores, también
una promesa aún no cumplida.
2. Marx y Engels en el
Manifiesto decían[1]: “La burguesía no puede existir sino a condición de
revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente,
las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales. La
conservación del antiguo modo de producción era, por el contrario, la primera
condición de existencia de todas las clases industriales precedentes. Una
revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las
condiciones sociales, una inquietud y un movimiento constantes distinguen la
época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones estancadas y
enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos,
quedan rotas; las nuevas se hacen viejas antes de llegar a osificarse. Todo lo
estamental y estancado se esfuma[2];
todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a
considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones
recíprocas”.
3. La promesa del
autonomismo no fue otra que sacar a la izquierda de la cabeza metida en los
traumas, las derrotas y los fracasos del siglo XX, para crear y fundar desde
las luchas propias del capitalismo pos guerra fría, y para nuestro caso particular
del nuevo capitalismo neoliberal, una izquierda para el siglo XXI. Una
izquierda que no crea tener todas las respuestas y hasta una receta maniquea
llevada al extremo del dogma con el materialismo histórico estalinista[3],
sino una izquierda que comprenda la necesidad de desenvolverse en una realidad
dinámica por los continuos cambios y reorganizaciones al orden social que
impone la obra revolucionaria del capital. En definitiva, una izquierda que
pueda responder al vértigo de la revolución continua en la producción de las
que Marx y Engels hablaban en la cita arriba referida.
4. Ya nos adentramos en la
tercera década del siglo XXI, y si bien este no pretende tener la arrogancia de
ser un balance de lo hecho (o no) por el autonomismo, el inicio de la década de
los ´20 del nuevo milenio sirve como útil punto de referencia para mirar al
autonomismo desde la óptica de su propia promesa renovadora, revitalizadora y
modernizante para la izquierda chilena. Además,
transcurridos ya 20 años se puede apreciar con más claridad el siglo que se nos
viene.
5. Por supuesto que una de
las deudas del autonomismo tienen que ver con sus expresiones orgánicas. Tanto
lo que eran Izquierda Autónoma como el Movimiento Autonomista, las dos
versiones que decantaron luego de la ruptura de su convergencia en 2016,
terminaron como corrientes o tendencias dentro de otras expresiones orgánicas
más grandes alojadas en el Frente Amplio, mediante Partido Comunes y
Convergencia Social, resultando de esta última a su vez una salida de un
componente importante del autonomismo ligado al Municipio Ciudadano de
Valparaíso, por un lado, y al trabajo territorial en Ñuñoa por otro. Del mismo
modo, desde la fusión de Izquierda Autónoma con Partido Poder para fundar
Comunes se desacopló el accionar de Nodo XXI que desde entonces desarrolla un
trabajo político e intelectual independiente y transversal con el Frente
Amplio. Pero, todas y cada una de tales expresiones, aún cuando carezcan de un
instrumento de intervención política común y visible, pueden ser miradas desde
la óptica de la promesa autonomista de fundar una izquierda para el siglo XXI.
6. Tanto el estallido
social de octubre pasado como la pandemia global de este año son quizá las
señales más claras, incluso generacionalmente, que muestran los rasgos de las
complejidades del proceso político y social que se vendrán para este siglo. En
consecuencia, la promesa de una izquierda para el siglo XXI que ha hecho el
autonomismo debe ser mirada a la luz de estos 2 procesos, puesto que además se
trata de 2 procesos que van a modificar sustantivamente las condiciones de
desempeño de los actores políticos respecto de lo que ocurría antes de octubre
de 2019.
7. ¿Es
apreciable la existencia de una izquierda moderna, expresiva de las
contradicciones del siglo XXI, en el marco del estallido social y de la crisis
sanitaria global actual? Aunque nos duela reconocerlo, responder
afirmativamente seria un exceso que en nada responde a la realidad. La
situación es aún más dramática para quienes no formamos parte de la alianza de
poder: el siglo XXI y sus problemas y conflictos están frente a nuestros ojos,
sin que se aprecie fuerza política alguna, ya sea apelando al liberalismo,
progresismo o de izquierda, que responda de manera coherente al capitalismo
contemporáneo y su dinámica transformación de la producción que penetra como
nunca antes en el disciplinamiento de nuestros cuerpos y nuestras vidas en los
asuntos más elementales de la reproducción social, e incluso en la propia
intimidad.
8. Qué tan lejos, cuánto, o
qué le falta al autonomismo para poder cumplir su promesa es un asunto que
excede a estas breves líneas. Por de pronto, la representación parlamentaria y
la presencia en gobiernos comunales no han permitido abrir paso a la formación
de una izquierda para el siglo XXI. Sin duda, hay ataduras estructurales que
van más allá del autonomismo que lo inhiben, como la misma Constitución política
que ha resultado ser un obstáculo para colocar a Chile en una posición propicia
para enfrentar los nuevos desafíos del siglo XXI. Asuntos tales como la ruptura
entre política y sociedad, globalización del capital en contexto de guerra
comercial, resurgimiento de nacionalismos y autoritarismos, big data,
televigilancia y vigilancia remota, inteligencia artificial, automatización, y
muchos otros temas, no caben en un entramado jurídico hecho sólo para
neutralizar la agencia política del pueblo. Pero, esas trabas estructurales no
deben servir de excusa para la ausencia de cumplimiento de la promesa.
9. El autonomismo se
enfrenta a un momento crucial para colocar a prueba su determinación para
alcanzar ese ambicioso programa de modernización de la izquierda. En ello
tendrá que hacerse todas las preguntas necesarias, cuestionarse a sí mismo no
sólo sobre la efectividad de su intervención política, sino a la utilidad que
su propia identidad le ha brindado al pueblo chileno, determinar si es o no la
cuota de renovación que requería la izquierda chilena para ingresar al siglo
XXI con vocación de poder transformador. Incluso auto-interrogarse sobre la
autonomía de su propia estrategia revolucionaria, como si fuera un pilar
ideológico originario, o más bien su proyección depende del trabajo para forjar
nuevo vínculo con lo que queda del tronco de la izquierda histórica, la que
también ha sido profundamente transformada. Es decir, si encuentra las raíces
de su proyección futura en asumirse como otra expresión de las diversas
corrientes que han perseguido el socialismo.
10. Fundar una izquierda y
una alternativa socialista para el siglo XXI no es un objetivo del que se deba
renunciar, aún cuando las contradicciones del nuevo tablero ya estén al frente.
Pero, sí habrá que tener claro que el cronometro de la historia ya ha
arrancado. Abrir el debate sobre la profundidad de la transformación que
estamos viviendo en estos meses y los que se vienen serán fundamentales para un
ejercicio comprometido de voluntad rebelde ante la fuerza autoritaria del
capital. Así por ejemplo, la actual pandemia global no sólo debemos mirarla
como una lamentable tragedia humanitaria, sino también y sobre todo, como un
asunto de economía política, por un lado, y de evolución de las formas de
dominio político, por otro. Respecto de lo primero – la economía política-, urge abrir la discusión y el estudio sobre las
consecuencias que este reseteo de la
economía mundial implica para la reorganización de los procesos de producción
global y su impacto en la organización y ordenamiento de la sociedad; la
reconfiguración que provoca en la división internacional del trabajo cada vez
más asociada a cadenas de valor gobernadas por el capital financiero; y sobre
todo, las nuevas exigencias que caen sobre la explotación de la fuerza de
trabajo, en lo que parece constituir un paso más sofisticado de encadenamiento
de los centros de producción (financieros, industriales y comerciales) con las
ciudades y el territorio, así como con el conjunto de la socialización humana
convertida en fuente de extracción de valor, como lo hace el capitalismo
digital que en este contexto ha terminado por convertir la casa y lo domestico
como una parte más de la fábrica, es decir, como espacio de producción. Finalmente,
sobre lo segundo – la dominación
política -, resulta prudente ponderar con sentido de realidad la supuesta
fragilidad del predominio norteamericano en la geopolítica, así como también,
lo pasajero que fue el momento multipolar que poco a poco avanza hacia una
nueva guerra fría en la forma de guerra comercial, a partir de la cual viejos
estándares para evaluar las credenciales suficientes para comandar el liderazgo
de los Estados en el concierto internacional, tales como el desarrollo,
libertad o equidad, son sustituidas casi de manera excluyente por la
eficiencia, y en este sentido para la izquierda hacer un balance sobre el
denominado socialismo de características chinas que ha respondido con
eficiencia utilizando mecanismos de vigilancia y represivas restricciones al
libre desplazamiento, resulta también una necesidad para comprender el Siglo
XXI.
[1]
Cito completo el párrafo, a
pesar de su extensión.
[2]
En su traducción más pop la frase alude a que “todo lo solido
se desvanece”.
[3]
Aludo específicamente al texto
de Joseph Stalin de 1938.
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