Ayer leí una columna de mi compañero Manuel Rauch. Por supuesto, tanto como esta, aquella no representa ninguna reflexión colectiva más que la propia, realizada a titulo personal. Primero, felicito la osadía de meterse en un tema espinudo, y en segundo lugar creo que merece una replica, al menos respecto de un tema: el extendido uso del vocablo "deconstrucción".
Parto por la ignorancia, desconozco cuándo ni cómo esta idea se instaló dentro de determinados círculos activos en el feminismo. Si bien una lectura superficial de Derrida, creador del concepto, nos puede llevar al ejercicio intelectual que él propone mediante un ejercicio de oposición entre los conceptos de lo masculino y lo femenino, para encontrar la racionalidad presente en el concepto no preferido culturalmente, esto es, lo femenino. Sin embargo, la irrupción de los géneros diversos como realidad indiscutida, y el origen social y cultural de la construcción de ambas ideas, nos lleva a que la categoría sea poco útil.
La verdad es que el modo en como se extiende la idea de la deconstrucción se refiere a una suerte de conversión, que puede ser burda en la apropiación de una serie de prácticas, lenguajes e iconos estéticos y de consumo, o bien, en los casos de aquellos se lo toman en serio mediante un complejo proceso epistemológico que desde la psicología social Berger y Luckmann llaman "alternación". Si en el primer caso, la conversión es espuria y se trata más bien de una suerte de "deseabilidad" social y cultural en busca de la membresía que determinados círculos feministas o políticos pueden dar, en el segundo caso se trata de un proceso que excede dicha superficialidad, de hecho, le es indiferente, pero con un elevado riesgo de, precisamente, por la falta de lo dialéctico de la deconstrucción, terminar fracasado por los elevados incentivos que la dimensión superficial promueve. En concreto, en la medida que se expande la hegemonía neoliberal y su racionalidad instrumental, reducida al calculo beneficio/coste propio del utilitarismo, existen muchos beneficios en la conversión superficial y estética, y altos costos en la alternación.
Como señalan Berger y Luckmann: "La alternación requiere procesos de re-socialización (en una etapa posterior del desarrollo del individuo), que se asemejan a la socialización primaria, porque radicalmente tienen que volver a atribuir acentos de realidad y, consecuentemente, deben reproducir en gran medida la identificación fuertemente afectiva con los elencos socializadores que era característica de la niñez. Son diferentes de la socialización primaria porque no surgen ex nihilo y, como resultado, deben contender un problema de desmantelamiento, al desintegrar la anterior estructura nómica de la realidad subjetiva" (La construcción social de la realidad, 1976, pag. 197).
Como se puede ver, la conversión del tipo de personaje que citó Manuel en su columna, puramente estética y por deseabilidad es menos exigente y más beneficiosa, en términos utilitaristas, que el otro denso y latero proceso. Incluso más conveniente: obvio, si seré de un movimiento de izquierda, tendré que ser feminista, no?
Lo que quiero plantear acá es que lo que quiere dar a entenderse como deconstrucción en el mejor de los casos, los casos serios, y no superficiales es en rigor alternación. ¿Cómo se produce la alternación, o lo que el feminist-e recién iniciado denomina "deconstrucción?
"Una receta para lograr la alternación tiene que incluir condiciones tanto sociales como conceptuales, sirviendo, por supuesto, las sociales como matríz de las conceptuales. La condición social más importante consiste en disponer de una estructura de plausibilidad eficaz, o sea, de una base social que sirva como laboratorio de transformación. Esta estructura de plausibilidad será mediatizada respecto del individuo por otros significantes, con quienes debe establecer una identificación fuertemente afectiva. Sin esta identificación no puede producirse ninguna transformación radical de la realidad subjetiva (en la que incluye, por supuesto, la identidad), identificación que reproduce inevitablemente las experiencias infantiles en cuanto a la dependencia emocional de otros significantes (el concepto psicoanalítico de transferencia se refiere precisamente a este fenómeno). Éstos (quienes cumplen el rol de nuevos guías y referentes) son quienes han de actuar como guías para penetrar en la nueva realidad: representan la estructura de plausibilidad de los roles que desempeñan vis-a-vis del individuo (roles que, en particular, se definen explicitamente en términos de su función resocializadora) y que mediatizan ese mundo para el individuo. El mundo del individuo tiene ahora su centro cognoscitivo y afectivo en la estructura de plausibilidad de que se trate. Socialmente, esto significa una concentración intensa de toda la interacción significativa dentro del grupo que sintetiza la estructura aludida y particularmente en el elenco encargado de la tarea de re-socialización" (Ibid, pag. 197)
Esteban Valenzuela van Treek utiliza la contribución de Berger y Luckmann para explicar el proceso de conversión de los socialistas chilenos durante el proceso de renovación socialista en su libro La Conversión de los socialistas chilenos de 2014, a partir del complejo proceso del exhilio sobre todo en Europa Occidental, que permitió una socialización muy distinta a la experimentada en Chile, con sociedades de consumo más desarrolladas que dieron lugar a lo que Norbert Lechner denominó en 1982 "una drástica modificación de la sociabilidad" (La conflictiva y nunca acabada construcción del orden deseado, 1984, pag. 155-156).
De este modo, si bien los autores citados concentraron este proceso de alternación en la comunidades religiosas, entendiéndolas a ellas como la base social que ejerce la función de laboratorio de transformación, desde nuestro punto de vista de izquierda no podemos omitir el hecho de las relaciones sociales de producción del capitalismo vigente como principal condicionante social de todo proceso de alternación. Esto nos reconduce a preguntas paradójicas, tales como ¿qué coherencia existe entre la expansión de la lógica del capital a lugares ineditos en la historia con la expansión de la sensibilidad feminista?; ¿dónde se forma tal sensibilidad feminista con un país cuya tasa de asociatividad es mínima?; ¿cómo construir un laboratorio de transformación del machismo si el feminismo es sólo un asunto de mujeres?
No pretendo responder las preguntas acá. Sólo diré que el feminismo es el segundo de los lentes emancipatorios, después de la conciencia de clase, que nos permite percibir mecanismos de opresión que sin tal lente serían invisibles. En particular, el denominado trabajo invisible, o trabajo domestico, no remunerado, y no productivo en el viejo lenguaje obrerista. Hoy el capitalismo avanzó a niveles que ni el propio Lenin imaginó en su idea de imperialismo. De este modo, por supuesto mientras no se le raye ni la pintura del auto difícilmente ese proceso mal llamado de deconstrucción o alternación estará completo. Es decir, aquello requiere de la configuración de nuevas relaciones sociales no sólo en pequeños guettos urbanos, universitarios o políticos de auto-reproducción, sino que en la relación entre las clases. Es decir, una verdadera transformación al capitalismo vigente. Echarlo abajo? no. Sólo transformarlo, para poder echarlo abajo, luego. En ese contexto, el verdadero compromiso que podemos asumir quienes queremos tomar en serio la transformación social, pasa por promover lo que hemos venido denominando como derechos sociales de las mujeres. Tales son: aborto legal y gratuito, vida sin violencia sexista, y con un gran nivel de relevancia ==> remuneración del trabajo domestico!
Por de pronto, sigo creyendo que el "zorrón deconstruido" simplemente cambió el "perro" por el "compañere", y que por tanto mientras se constituya un feminismo estetico, sin comprenderlo con la dimensión trabajo-capital es pura palabrería. Sin una modificación de las relaciones sociales, es díficil la tal mal llamada deconstrucción. El verdadero modo de avanzar hacia el laboratorio de alternación es anteponer la lucha por los derechos sociales de las mujeres.
