miércoles, 27 de diciembre de 2017

Recién Llegado a la clase media: navidad, el Frente Amplio y la PSU


Navidad y año nuevo son buenas fechas para hablar de la "clase media". Se supone que lo que nos define es el consumo. Y ya en dicha característica aparece la "recién-llegadez". La conducta propia de un recién llegado es la de Martín Rivas, una extraña mezcla entre rebeldía y aspiración social. Ni dueños del capital, ni carentes de propiedad privada. 

Tan vasta es la clase media como sujetos que la reivindican para sí. Alguna vez escuché a Eduardo Frei Ruiz Tagle definirse de clase media, también a Jorge Arrate. Hacia ¿nosotros? va dirigida casi la totalidad de los discursos políticos, pero, una minoría de políticas públicas. 

El primer párrafo de esta columna lo comencé a escribir el año pasado. Martín Rivas me iba a llevar a explicar la cantidad de libros que había gastado en regalos, para mi y para otros. Esa era, se supone, la rebeldía. Pero, no hay nada mejor que ironizar con la propia condición: libros en la biblioteca de un departamento construido con fondos de subsidio habitacional. La medida de la rebeldía es casi la misma que la medida de aspiración social.

Pero, este año los regalos fueron de otro talante: un auto y un gato, y ojo, un gato que usa arnés para gatos. Accesorio fundamental para que el bendito gato no se escape cuando vayamos con nuestra hija a tomar once al Parque Krahmmer. Lo más curioso es que ni los libros del 2016, ni los regalos del 2017 tuvieron el más mínimo síntoma de neurosis en el que he visto sumido a otros izquierdistas. Más bien, se pensaron, planificaron, y finalmente se adquirieron. Tampoco en un acto de inercia de consumismo inconsciente.

Pocos comprenden a la clase media. Tal vez, porque ni la misma clase media se comprende a sí misma. No por la hegemonía de la clase dominante que muchas veces se presenta como un constreñimiento de la capacidad creativa de los subalternos, sino porque como decía el pelao que lleva el nombre de mi gato y que se hizo famoso al liderar a los bolcheviques hace un siglo atrás, simplemente la clase se define politicamente, se define por su actuación en la historia, en la lucha de clases. Hoy la denominada clase media es un vasto, mayoritario, diverso y heterogéneo conjunto de personas que fuimos lanzados a dicha condición. No lo planificó Friedmann, tampoco De Castro, sino las transformaciones que el capital ha ido desarrollando reproduciéndose a si mismo. La gracia del capital en el neoliberalismo es que se reproduce a si mismo, y no produce nada más: no produce instituciones, sino las somete a sus intereses; no produce proyectos políticos, sino los descompone, incluso en su éxito como comenzaremos a ver con Piñera desde marzo; y tampoco produce sociedad, sino que sólo la mercantiliza. El neoliberalismo es el mecanismo básico del capital (los libros de Hayek se leen en uno o 2 días).

La clase media no somos más que la parte de la clase trabajadora (ella sí actúa politicamente) que somos el producto propio del capital en los tiempos del neoliberalismo. Los hijos de la modernización neoliberal que en 1997, 2001 y 2006 marchabamos, ahora somos el engranaje fundamental del Chile actual, su fuerza de trabajo ineludible. Es el Frente Amplio el que recoge de mejor modo las aspiraciones de certeza frente el vértigo que nos impuso la rotación laboral, outsorcing, mercado universitario, etc. No tanto porque el Frente Amplio esté leyendo bien lo que está ocurriendo en la sociedad chilena. De hecho, lee menos a Carlos Ruiz Encina de lo que debería. Sino que por el simple hecho de que parte importante de su militancia tenemos tal adscripción de clase. Aún así, el esfuerzo de algunos por correr en las pistas del Frente Amplio su loca carrera por la membresía en espacios de poder que siguen configurando otros puede hacer de nuestro querido Frente Amplio un espacio de renovación de la elite o la clase dirigente, repitiendo viejos fracasos como los de la Concertación. Aunque a tales ilustres rostros del Frente Amplio les moleste, seguiremos varios recién llegados (todavía somos pocos) recordandoles que la alianza de clase que cambiará al neoliberalismo necesita a aquellos que hace una o 2 generaciones tenemos ancestros de la clase obrera. Por ello, y no sólo por ser de Izquierda Autónoma, es que me representa enormemente nuestra Diputada Camila Rojas, incluso más que nuestro anterior Diputado, hoy ex compañero. Pero, lo que expresan cada uno son necesarios para el Frente Amplio. Aún así es de suma importancia que comencemos a levantar el manto de in-macula y veamos con la mayor nítidez, transparencia y honestidad posible, las contradicciones de clase que tenemos metidas en nuestra incipiente coalición.

Para cerrar estas superficiales lineas, no hay clase media sin acceso a la educación superior. Las críticas a la PSU sin adoptar medidas al respecto, ya parecen lugares comunes, pero, hay otro elemento que pasa "piola", y hasta consisten en discursos que suelen ser recogidos por quienes se supone buscan transformar. Es cierto! la Universidad no puede ser para todos. Pero, de allí a clausurar el legitimo derecho de aspirar a ella cuando las diferencias salariales y de status son tan visibles y enormes, ya tiene un tinte con el que prefiero seguir tensionando con el acceso universal como un maximalismo legitimo mientras no se muestren todas las cartas. ¿Cuántos egresados de CFT o IP tiene por militantes el Frente Amplio?; ¿Hay algún Diputado/a del Frente Amplio que no tenga titulo universitario? Allí hay ejemplos de como la estructura social y el mercado universitario asigna las recompensas de modo muy disimil. 

De este modo, reitero mi posición: mientras sigan jugando con las cartas marcadas sobre la Universidad, seguiré defendiendo el acceso universal a la Universidad. Sólo cuando abandonen la trampa, podremos debatir en serio un modelo de selectividad que sea meritocrático. ¿Cuál es la trampa? Es el modo como se organizan los discursos predominantes, los medios, el marketing, y la publicidad del mercado de la Educación Superior para decirnos lo relevante que es la educación técnica.

Esto es lo que se lee en el Portal Mi Futuro.cl, de seguro algo que leen muchos postulantes a la Educación Superior:


La formación técnica junto con ser una opción vocacional para muchos estudiantes, constituye una base fundamental para apoyar la competitividad del país.
Actualmente, el 40% de los titulados de Educación Superior son técnicos de nivel superior y la meta es que para el año 2020 alcancen el 60%. Según la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA), chile tiene un déficit de 600 mil técnicos profesionales. De ahí la importancia de aumentar la cobertura de la formación técnica, así como la calidad y la pertinencia de los programas a fin de contar a corto y mediano plazo con el capital humano que el país requiere para su desarrollo.
La Educación Técnica está orientada a entregar a los estudiantes la capacidad y los conocimientos necesarios para desempeñarse en una especialidad de apoyo al nivel profesional, o bien desempeñarse por cuenta propia.

Esto viene acompañado de mucho coaching sobre la relevancia de la educación técnica, e incluso de propuestas del futuro gobierno, tomada de la DC, sobre la gratuidad universal en la educación técnica. ¿No debiera hacernos pensar acaso que en el caso de la educación técnica se recoja la universalidad, pero, no en la Universidad?

Pocos saben que INACAP hoy es de propiedad de la CPC, esto es, la representación social más relevante de los gremios empresariales, y que los otros grandes actores de la educación técnico-profesional son holdings internacionales y la Iglesia Católica. 

En momentos en que la mayor parte de quienes postulan a la educación superior son los primeros deciles, es hora de abandonar la farsa y la hipocresía. La traducción real, al chileno de quienes van a postular a la educación superior, cuando les vengan con los discursos sobre la relevancia de la educación técnica y que ya no sólo hay que pensar en la Universidad, es la siguiente: "señores pobres dejen de llenarnos la Universidad, si la educación que recibieron no les va a dar para terminarla. Estudien de una buena vez una carrera técnica, y asuman pronto su condición de obreros calificados".

Es la versión solapada, otra vez, de "Por qué los ricos":


Nos explican de que esta de más
Intentar pensar siquiera en ser profesional
Tu educación es una porquería
Yo con esas notas, ni siquiera trataría
Dedícate a ladrón, a vago o esclavo
Y nunca trates de entender
Por qué, por qué los ricos
Por qué, por qué los ricos
Tienen derecho a pasarlo tan bien 






miércoles, 10 de febrero de 2016

Recién llegado a la ¿ciudad?

Ayer, martes 09 de febrero de 2015, Valdivia celebró sus 464 años. Yo no nací en Valdivia, sino en Corral, pero ya llevo 13 años en Valdivia. La relación entre Valdivia y Corral - a pesar de los corraleños- durante años puede haber sido graficada en la relación campo-ciudad, lo urbano y lo rural. Un ejemplo, a mis 30 años se pavimentó (en rigor, son adoquines) el camino que da hasta mi casa, mientras en la salida norte de Valdivia se construye una doble vía.

Volvamos al aniversario de Valdivia: ¿qué es lo que se celebra? No pretendo hacer la pregunta desde la apatía de aquel al que no le gusta nada, al contrario, la semana Valdiviana es bien entretenida; ni tampoco pretendo hacerla en el sentido en el que vociferaban Los Fabulosos Cadillacs en "el V Centenario". Mi interés es genuino: histórico, político, y cultural.

Hay varios Valdivia en esos 464 años. ¿Cuál de todos ellos se celebra? El punto de partida para contar los 464 años es la fundación de Valdivia, en honor a Pedro de Valdivia, por allá en 1551. Sin embargo, de esos 464 años 270 fueron mientras eramos colonia española. De hecho, entre medio, pasó todo el proceso de independencia hasta la Declaración de 1818, y Valdivia seguía siendo española, es más, la más española de las provincias del sur. Había que superar la fortaleza militar de la Bahía de Corral para llegar a Valdivia. ¿Debemos celebrar esos 270 años?

Luego de la Valdivia colonial, vino la Valdivia alemana. Tal vez, el momento de mayor apogeo de la ciudad y la Región. Como bien decía una profesora de historia amiga, los alemanes que llegaron a Valdivia eran progresistas. Es en esta época, desde 1850, en que Valdivia comienza a ser "ciudad". Sin la modernización que promovieron los alemanes, a través de la industrialización, Valdivia seguiría siendo "campo". Sin duda, modernización capitalista, con todos los avances que éste produjo en la historia, respecto de los modos de producción pre-capitalistas, pero a su vez con todos sus males: explotación, proletarización, etc. Y, también de los males del capitalismo pre-moderno chileno: latifundismo y concentración de la propiedad de la tierra, al igual que los terratenientes chilenos, fue la practica a la que se acostumbraron nuestros colonos alemanes.

Mucho de los rasgos de dichos momentos históricos perviven hoy en el Valdivia real. Sin duda, mucho más la cultura alemana, pero, que hoy representa más un carácter socialmente elitario, que otra cosa. Pregunta retorica: ¿comparando ambos momentos, tal vez debamos celebrar más lo segundo que lo primero? ¿pareciera ser más propio?...¿pareciera?...

Los rasgos más propios del Valdivia real del presente comienzan con la fundación de la Universidad Austral de Chile en 1954. La UACh surge en un momento de mucho desarrollo de Valdivia; con industria, procesos de urbanización, etc. Pero, todo aquello lo barrió el terremoto de 1960. Tal vez la historia de Valdivia, en vez de contarla desde el señor Pedro de Valdivia, deberíamos contarla en 2 fases: antes del terremoto, y después del terremoto, tanto como A.C. y D.C. Con el terremoto, la ciudad no volvió a ser campo, pero, si fue ruina.

¿Valdivia se habrá recuperado del terremoto? ¿Ha llegado ese momento en que Valdivia supero los efectos de tal desastre? ¿hemos vuelto a ser "ciudad"? Hay algo claro, Corral sigue siendo campo (hubo un momento en que no lo fue, pero tampoco fue ciudad, sino el patio trasero de la industrialización, con los Altos Hornos y el Puerto; y el lugar de veraneo de la escasa clase media, con el Hotel Schuster en Amargos, abajo de mi casa, de hecho).


Desde pequeño, para mi la ciudad era Valdivia. Fui educado para migrar del campo y llegar a la ciudad, llegar a Valdivia. Por supuesto, no fui una Carmela venida del fundo, a pesar de que el lugar donde crecí viene de la relación jurídica típica que el inquilinaje construyó respecto de la tierra: un usufructo. Tampoco fui un provinciano a lo Martín Rivas, como canta Manuel García, pues ni Corral califica para provincia, ni Valdivia como un centro, al menos no como Santiago (= Chile). Más bien, vine de la costa a la ciudad, con todas las peculiaridades sociologicas que tenemos los provenientes de la vida cercana al mar. 

Han pasado 13 años que vivo en Valdivia, y he llegado a una conclusión: si Valdivia es ciudad tiene bien poco de tal, sobre todo por su profunda cultura oligarquica. No es el clasismo y la segregación de Santiago, es un modo de diferenciación social que en una ciudad pequeña, a pesar de que casi todos nos conocemos o estamos a 1 grado de separación, tiene mucha fuerza. Si en Santiago hay oligarquización, es por su alta segregación; los cuicos no alcanzan a conocer siquiera a los sectores populares, por eso no los entienden, ni muchas veces pueden representarlos, ni social, ni cultural, ni políticamente, entonces, la cuna, el apellido y el colegio o la Universidad se convierten en mecanismos de inclusión social, porque eso les permite conocerse. En Valdivia, la oligarquización opera de un modo inverso: la elite dominante se inclina por el apellido y por la cuna, precisamente porque nos conoce; sabe de dónde venimos, la pobreza que arrastramos, por eso muchas veces, la mayoría, no se inclina por nosotros. Si el desconocimiento en Santiago permite "cierto" ascenso social de quienes pueden pasar piola y hasta vestirse de estirpe, en Valdivia eso es prácticamente imposible. 

Aquello tiene una consecuencia social, material, muy real: un campo de expresión de la lucha de clases se encuentra en la propia estabilidad en Valdivia. La gracia de una ciudad, en el capitalismo, es que produzca empleo, que exista acumulación y concentración de capital suficiente para demandar fuerza de trabajo. Pero, en Valdivia aquello no ocurre. El capital que se produce y acumula muchas veces termina en nietos tocando en bandas musicales de aquellas que suenan en las peliculas de Ariel Levy: que pena tu vida, que pena tu boda, que pena tu familia; pero, no en producir empleo. ¿Qué sería de Valdivia, sin Puerto Montt, Temuco, o hasta Osorno para darnos trabajo?

De este modo, ¿se puede celebrar el aniversario de una ciudad que todos los días te envía mensajes diciéndote que no deberías vivir ahí? Que te vayas a buscar trabajo a otro lado!. A pesar de ello, he decidido dar esa lucha, ya que no pareciera ser una lucha individual, sino una expresión más de la lucha de clases.

En fin Corral, será menos ciudad que Valdivia, pero, al menos en su aniversario se celebra la liberación de la Bahía de Corral por el ejercito chileno de la opresión realista española, y no su llegada.

Valdivia, 10 de febrero de 2016.